el cobrador
vaya, parece que el elaborado marketing sionista convence a muchos del derecho de autodeterminación de las hordas judías llegadas de todo el orbe, a fin de legitimar los adosados y kibbutzs en tierras palestinas, y no así del de los vascos en su propio y remoto país.
es una pena que el método utilizado para esta delicada publicidad navideña concite, a la vez, tanto rechazo en sectores de la opinión pública incluso para el pueblo electo nada más y nada menos que por dios vuestro señor, ilustrando lo difícil que es nadar y guardar la ropa ahora que al populacho abotargado se le ha dotado de un mínimo de instrucción. allí retorcer el principio de territorialidad es esgrimido como el derecho inalienable de un pueblo milenario perseguido; aquí, en cambio, mantener esa coherencia es censurado por patxi lópez como fragmentación de una supuesta sociedad homogénea.
nosotros, en cambio, los que no creemos ni en dios, ni en olmert, ni en sarkozy, ni en los sobrinos de madariaga ni en zapatero o patxi y nos vestimos tanto por la cabeza como por los pies, dependiendo de la prenda que nos toque, tenemos bien claro de que va la cosa y ya no importa lo que garabeteen girauta, tersch y compañía en la orgía de sandeces cotidiana con la que madrid vomita su noche agitada en el sueño ibérico, su pesadilla dantesca que olvida sus propios progromos.
y la cosa que nos ocupa es la guerra: la guerra en la que estamos desde siempre; la guerra que mantiene una pequeña porción de la población contra todo el resto desde los albores de la historia, dulcificada antes por las religiones y ahora por los media, desde la prensa alfabética a la patraña de la sociedad de la información, auténticas vaselinas para atrancar las inteligencias y deslizar las miserias de la corrupción, del robo y del vil asesinato.
pero que se anden con ojo. no pueden matarnos a todos y no por que no tengan la maquinaria precisa y perfecta para hacerlo, que sí la tienen y sobrada. no, no es por eso: quíen haría luego el trabajo? quíen pagaría los impuestos? quíen se empeñaría en sus casas? quíen compraría sus tarecos? quíen, de definitiva, mantendría su organizción viciosa, sus correas de trasferencia de abajo-arriba.
ah, nos necesitan, necesitan nuestra sangre para vivir en su ponzoña vampírica. es por ello que nunca podrán estar tranquilos; siempre habrá en su letanía terroristas que, como yo, estaremos atentos a su vigilia y si algún día nosotros cogemos sus herramientas de control, que se den por jodidos, por que nosotros sí que no los necesitamos para nada.
hum, parafraseando a aquel airado cobrador de rubem fonseca, se llega el momento de afirmarlo a los cuatro vientos: quiero vivir años, muchos años, sólo para verlos morir a todos.