las cartas a un joven español
españa tiene que pasar muchas páginas y no exactamente del
mamotreto que protagoniza el tal santiago y su consejero aprendiz de maquiavelo.
una de ellas será dejar en un rincón de la historia toda esta
patraña del aznarismo, sus pretendidos éxitos económicos y su coartada de gran estadista de talla mundial. él, con todos mis respetos a su persona, no es nada más que un pobre hombre clamando en el desierto de los tártaros y con la gabardina dos tallas más grande de lo que su complexión necesita, como dijera el fenecido general sainz de santamaría.
se ha equivocado demasiadas veces, ha hecho el ridículo de forma harto sonrojante y ha arrastrado con él por el mundo una imagen de su amada españa que ningún antiespañol ha sido nunca capaz de emular ni de lejos. es como la antítesis del rey midas, donde todo lo que toca lo transforma en mierda.
la traca final fue, sin duda, el cruel atentado de los trenes en madrid, bofetada en forma de sangre ajena y en toda regla al
líder que basó su política en enfrentarse a los que él llamaba terroristas y a los que había combatido con gran fiereza verbal y gesto desencajado en euskadi, en irak, en el tambor de dixan, en afganistan y en el perejil al tiempo que su nene aceleraba el
lamborghini por las autopistas de europa y su nena preparaba el ajuar en la tumba de felipe segundo.
desgraciadamente para él, para aznar, la única salida honorable es el suicidio, la inmolación en su yihaj particular por su religión: la españa que lleva atravesada en su bigote y en su fatal y desagradable sonrisa, una españa en la que nadie cree y por la que nadie lo secunda realmente. está, por muy rodeado de gente que se vea, fatalmente sólo. y sus irrupciones esténtoreas y pretendidamente toreras en los medios, acarrean más votos para el pesoe que todos los ministros de zapatero y felipe gonzález
juntos