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La Coctelera

baltar69

22 Febrero 2007

una sombra del pasado

hay mujeres que cautivan a uno por su compromiso político en la defensa de lo justo, por el cargo bien remunerado y descollante que ocupan o por lo bien que se manejan en lugares que les estaban acotados no hace mucho a sus congéneres. las miramos y, más allá del miedo a que socaven nuestra fortaleza y descubran el engaño que hemos pergreñado durante tantos años, las deseamos como madres, esposas, hermanas, amantes.

recuerdo que, hace años, cuando yo era joven ( o al menos algo más joven ) conocí a una abogado con una imagen tan serena que cada uno de sus gestos y palabras parecían estar destinados a ser plasmados en un cuadro por algún maestro del barroco. su despacho era una pieza limpia y recargada de tonos de madera, su ropa pulcra acariciaba con suavidad la carne de su cuello. si yo fuese escultor de santos la elegiría como modelo para la virgen maría: su frente alta, su nariz fina, su boca pequeña y su mentón firme le conferían un perfil altivo, pero las orejas pequeñas, unos dulces ojos verdes, su pelo rubio y liso con una raya a su izquierda y la brevedad de su cintura la suavizaban.

al poco rato de hablar con ella y de mirarla me dí cuenta que todo lo que nos rodeaba no era más que una continuación de su perfil, un intento razonable de apuntalar una personalidad que se le escapaba por sus delgados y blancos dedos.

bromeamos acerca de algunos conocidos comunes ( entre ellos su propio marido ) y sentí como sus ojos se relajaban y su sonrisa descansaba en los labios, pero cuando la conversación giraba y se acercaba a cualquier tema relacionado con el derecho, la placidez desaparecía y su mirada se perdía en el fondo de la pieza, donde la orla de la muy católica universidad de navarra devolvía una imagen suya mucho más joven, pero ya atemperada en ese gesto adusto y sereno que ofrecía de perfil.

cuando abandoné el despacho y mientras bajaba las escaleras que me conducían a la calle, por un momento pensé que debería volver con algún pretexto y abrazarla; ella me había acompañado hasta la pesada puerta de madera oscura y se había quedado apoyada contra su quicio, mientras yo desgranaba el final de la historia que nos había ocupado en todos los minutos anteriores. al callarme, nos quedamos mirando unos segundos, como al acecho, como esperando alguna señal el uno del otro. yo, inseguro, alargué la mano y ella al punto mostró la suya para que yo se la estrechase. me acompañó con la mirada hasta las escaleras y me volví a saludarla cuando ya llevaba descendidos varios escalones. sus ojitos verdes estaban fijos en mí y su pelo liso le caía como una tenue caricia sobre un lado de la cara.

ahora, al paso de los años, concedo que me hubiera resultado bien sencillo enamorarme de aquella mujer y perseguir su calma. pero mis pasos se alejaron por la acera en otras direcciones y al final solo quedó este breve recuerdo con el que hoy me asalta mi pasado.

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Sobre mí

eu son x.m. baltar díaz, de chantada. xa fun máis xoven, pero espero ser moito máis vello e ter tempo de tocarlle o carallo a toda esta tropa que nos anda a foder. quero vivir moitos anos para poder matalos a todos, como decía aquela persoaxe de rubem fonseca. traballo por que non hai outra mentras non se instaure un imposto ou unha tasa que me sufrague os gastos; apenas vexo tv e non me gusta ir o cine nin leer a arturo pérez reverte. non creo en dios e tampouco na sorte; dende pequeno tiven presente que vale máis páxaro en man que cento voando e que o máis importante é non mancarse, que de caer de vez en cando non hai quen nos libre. teño un fillo e preocúpame de certo o mundo que serei capaz de legarlle.

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